por Pipo Fisherman 27-02-26
Peronismo local: nostalgia antes que estrategia
El relanzamiento del peronismo en Pringles convive con una incómoda verdad:Algunos de sus protagonistas no militan proyectos, militan administraciones. Y eso explica más que cualquier diagnóstico electoral.
La escena política de Coronel Pringles ofreció en los últimos días un episodio que, leído con un poco de atención más allá de los titulares, dice tanto de la oposición local como del estado actual del sistema político en su conjunto:
Se anuncia la conformación de una lista de unidad en el PJ local, y en la nota que lo explica, el flamante presidente afirma:“Queremos que el peronismo vuelva a ser una alternativa razonable en Pringles”.Bajo la bandera de recuperar “volumen electoral” y reeditar la vigencia de un espacio que hace décadas viene quedando atrás en las urnas, se mostró satisfecho con el acuerdo alcanzado.
Las palabras no sorprenden por su contenido sino por lo que revelan: una oposición que parece más preocupada por reciclar consignas de manual que por construir una alternativa con identidad propia. Que, después de 25 años prácticamente sin crecimiento electoral, la frase de relanzamiento sea “volver a ser una opción razonable” suena más a intento de rehabilitación que a proyecto de poder.
Pero el dato más interesante no está en la retórica sino en la integración de la lista. Allí aparecen nombres que no son precisamente novedad en la vida política local. Personajes que, desde hace años, orbitan alrededor del poder de turno, manejan a discreción estructuras como las Cooperativas de trabajo, han sido beneficiarios directos de cuantiosos recursos municipales —decenas de millones de pesos que no cayeron del cielo— y, curiosamente, han sabido adaptarse con notable ductilidad a cada oficialismo que gobernó la ciudad. No siempre desde el PJ, claro está.
La teoría del nuevo presidente sobre el “estancamiento electoral” del peronismo encuentra, quizá sin quererlo, parte de su explicación en ese mismo armado. Porque cuando quienes integran el espacio han trabajado metódicamente en campañas de gobiernos no peronistas —con disciplina, entusiasmo y eficacia digna de mejor causa— resulta difícil vender luego la épica de la reconstrucción partidaria. ¿Hace falta recordar aquella imagen emocionada de abrazos triunfales tras victorias ajenas? Las fotos, a veces, explican más que los documentos políticos.
Como si eso fuera poco, algunos de estos protagonistas incluso ensayaron aventuras electorales propias bajo otros sellos partidarios, con el beneplácito tácito —y a veces explícito— del oficialismo de turno. Hablar entonces de integración, renovación y alternativa “razonable” contando en sus filas a quienes han demostrado una elasticidad ideológica tan funcional al poder, suena, como mínimo, ingenuo.
Bastará esperar la próxima elección para comprobarlo: Cuando el calendario se acerque y las ofertas comiencen a circular, las convicciones volverán a mostrar su flexibilidad habitual. La experiencia local indica que la ideología es negociable; el acceso al poder, no.
Porque si algo ha demostrado esta trama es que algunos no militan proyectos: militan administraciones. Y eso explica mucho más del pasado electoral que cualquier autocrítica pendiente.
Paritaria municipal: el gran truco del porcentaje
Cómo empatar la inflación… perdiendo igual. Y cómo descubrir la pobreza justo cuando conviene.
Mientras en estos días el Ejecutivo y los sindicatos discuten salarios, el debate público gira alrededor de una palabra mágica: inflación. Pero la discusión real no es el índice que publica el Instituto Nacional de Estadística y Censos. La discusión es sobre qué base se calcula y por qué nadie habló antes.
El Ejecutivo abrió la negociación con dos variantes del mismo menú:
– Atarse a lo que otorgue la Provincia.
– O continuar con la actualización mensual por inflación, como en 2025.
Indexación automática. Técnica prolija. Políticamente cómoda. Pero hay un detalle que casi nunca se explica: los porcentajes se calculan sobre sueldos de meses anteriores. Siempre hay un desfase. Siempre se aplica sobre una base vieja.
Y cuando la inflación es acumulativa, el efecto es claro: el número anunciado suena bien; el impacto real es menor.
La segunda propuesta del Ejecutivo agregó $50.000 al básico en febrero y prometió inflación + 1,5% en marzo, para luego volver a la inflación pura, segmentada en distintas bases de cálculo (enero, mayo, julio, septiembre).
La estructura es sofisticada. La lógica es idéntica. Se garantiza que el salario no pierda frente a la inflación futura.
No se garantiza que recupere lo perdido.
Y ahora sí aparece el dato incómodo: en enero de 2026 una familia tipo necesitó $1.396.660 para no ser pobre.
La cifra es oficial. El problema no.
Porque hacia fines de 2025 el intendente afirmó públicamente que los municipales “le ganaron a la inflación por más de 20 puntos”. La frase quedó flotando en el aire. No hubo escándalo sindical. No hubo comunicados incendiarios. No hubo conferencias de prensa aclarando que, aun ganándole al índice, el salario seguía lejos de la Canasta Básica.
Si se ganó por 20 puntos, ¿por qué el salario sigue bajo la línea de pobreza?.Y si no era cierto, ¿por qué nadie lo discutió entonces?.
Mientras se discute cómo empatarle a la inflación, nadie habla del otro costado del mostrador: los salarios políticos.
Si el criterio es “responsabilidad fiscal”, sería interesante saber si esa misma lógica de bases atrasadas y empates técnicos se aplica a la estructura jerárquica. Porque cuando el ajuste es milimétrico para el trabajador y automático para la política, la discusión deja de ser técnica y pasa a ser ética.
La escena es clara: El Ejecutivo administra el porcentaje.Los sindicatos administran el momento del enojo. Durante años se avaló un mecanismo que hoy se presenta como insuficiente. Durante meses se celebró un supuesto triunfo sobre la inflación que no se tradujo en salarios dignos. Y ahora todos descubren que el ingreso municipal no cubre la Canasta Básica.
Indexar no es recomponer.Empatar no es recuperar. Y anunciar porcentajes no es garantizar poder adquisitivo real.Si la paritaria solo discute cómo seguir el índice, el resultado está cantado: empate técnico mensual y derrota estructural anual. La verdadera negociación no debería girar en torno a cuánto marca el INDEC. Debería girar en torno a cuánto necesita un trabajador municipal para vivir sin ser pobre.
Lo demás es contabilidad creativa.
El deterioro en 6 meses: cómo se pierde aunque “se empate”
Supongamos:
Salario inicial en enero: $500.000
Inflación mensual constante: 10%
Aumento mensual: 10%, pero calculado siempre sobre la base del mes anterior ya liquidado (es decir, con un mes de atraso real en poder adquisitivo).
La inflación acumulada en 6 meses funciona así:
500000∗(1.10)6
Eso significa que, para mantener exactamente el mismo poder adquisitivo después de seis meses con 10% mensual, el salario debería estar en torno a $885.000.
Ahora veamos qué ocurre cuando los aumentos se van aplicando sobre bases que siempre llegan tarde respecto al precio real del mes en curso:
El trabajador cobra:
Enero → 500.000
Febrero → 550.000
Marzo → 605.000
Abril → 665.500
Mayo → 732.050
Junio → 805.255
En junio está cobrando $805.255. Pero los precios ya están corriendo a un equivalente cercano a $885.000 para sostener el poder de compra inicial.
Diferencia aproximada:
$885.000 – $805.255 = casi $80.000 de pérdida real.
Y eso con una inflación “ordenada” del 10%. En contextos más volátiles, la brecha se amplía.
El porcentaje empata. La acumulación no.Ese es el truco que nunca se explica en conferencia de prensa.
Durante años firmaron el mecanismo. Durante meses celebraron el relato del “20 puntos arriba”.Hoy descubren que el salario municipal no cubre la pobreza.
El Ejecutivo dibuja porcentajes. Los sindicatos descubren la realidad… siempre un poco tarde.
En la escena pública pringlense se repite una estética: tono moderado, palabras medidas, llamados a la sensatez. Se habla de reconstruir alternativas “razonables”, de superar grietas, de ofrecer previsibilidad.
Al mismo tiempo, en la paritaria municipal se despliega otro ejercicio de prolijidad: inflación, bases de cálculo, porcentajes técnicamente impecables.Todo parece correcto.Todo parece lógico.Todo parece responsable.
Y sin embargo, el salario municipal sigue lejos de cubrir la Canasta Básica.Y la política local sigue girando alrededor de relatos cómodos.
El problema no es la falta de diálogo.Es la ausencia de discusión de fondo.
Se evita discutir por qué los aumentos se calculan sobre bases atrasadas.
Se evita discutir por qué durante años se celebraron supuestas victorias frente a la inflación mientras el poder adquisitivo se deterioraba.
Se evita discutir por qué la pobreza salarial se descubre siempre cuando conviene políticamente.
La moderación discursiva puede ser saludable. El empate técnico permanente, no.
Porque cuando todo se vuelve razonable, medido y previsible, lo único que queda fuera de cálculo es el trabajador.Y eso ya no es un problema de estilo. Es un problema de prioridades.
El gran interrogante: ¿Quién y cómo podrá terminar con tanta desigualdad?.¿Habrá voluntad?. ¿O asistiremos, una vez más, a un simple y turbio "arreglo" entre sombras y de espaldas al trrabajador?.